Vestidos de rojo lucían
simulando desnudez.
Diez gotitas de carmín
anunciaban su llegada,
caminando firmes, sin prisa…
en grácil apogeo,
con belleza y libertad.
¡Qué arrojo el tuyo,
cuál fue mi sorpresa!
Tu sumisión extrema
ante mis pies de seda.
Un suave cruce de piernas bastó y, a las volandas,
como águila sedienta lo atrapaste,
con tus manos febriles y acezantes
en voraz y repentino impulso,
llenando de besos, lo prohibido.
Besos robados, de arrebato fueron,
estremecido mi pie por tu pasión loca,
no consentida ni esperada,
forzado a recibir tu boca.
Merygarden
