A MI HERMANA

¡No todavía! ¡Todavía no!

Cerraste tus ojos y retornaste a su regazo
privada de despedida.
Con el alma sembrada de abrojos quedé,
tan grande tu queda ausencia.
Perdón, hermana, perdón
por esta mi nonada elegía.

Mis alegrías tendrán una lágrima.
Volviste a quien perteneces,
eternal es tu presencia.
Ay ¡cómo disputé con tu sino!
Cruenta lucha libraron mis preces.

Faltó un capítulo: el mío, el nuestro.
Cuando te vuelva a ver,
lo escribiremos sobre las nubes
Sin dolor, sin angustias,
con tinta dorada como el sol.
Y los puntos suspensivos
se tornarán luceros:
silentes, brillantes, orlados…
Cuando te vuelva a ver,
me abrazaré a ti y besaré
tus purpúreas mejillas.
Es tan dulce mi cariño, hermana;
empero, seré paciente y
aguardaré hasta mañana.

Goza del Edén,
que Céfiro te arrulle,
que la muerte te haga bien.
Descansa, hermana querida,
duerme en los brazos del Rey.

MeryGarden

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